jueves, 6 de abril de 2017

Contrapunto: La musicalización de la novela




Con una técnica impecable, que hace honor a su título, en Contrapunto Aldous Huxley entretejió con musical armonía un cuadro de personajes, temas y desazones que sembró la semilla de lo que sería Un mundo feliz y nos enseñó lo que podemos aprender de la música como escritores.
Nota publicada también en Crac! Magazine

Huxley meditó sobre la construcción de una novela en consonancia a, por ejemplo, una melodía de Beethoven: los cambios, las bruscas transiciones (la majestad alternando con la broma, por ejemplo, en el primer movimiento del cuarteto en si bemol mayor o la comedia sugiriendo de súbito solemnidades prodigiosas y trágicas en el scherzo del cuarteto en do sostenido menor).

“Se expone un tema: luego se desarrolla, se cambia, se deforma imperceptiblemente hasta que, aunque permaneciendo reconociblemente el mismo, se ha hecho totalmente diferente. En las series de variaciones, el procedimiento se lleva un paso más allá. Por ejemplo, esas increíbles variaciones de Diabelli. Toda la extensión del pensamiento y de la emoción y, no obstante, en relación orgánica con un ligero y ridículo aire de vals. Poner esto en una novela. ¿Cómo?”.

En la gran escala, en la construcción. 

La fórmula está en los argumentos de contrapunto: las mismas transiciones bruscas se logran en las intrigas paralelas y el número de personajes. Mientras Elinor se aterra ante la enfermedad de su hijo, un hombre casado suspira enloquecido por su amante y un director de periódico, que se vende como un partidario de la moralidad, seduce a su secretaria. Alternancia de temas.

También las modulaciones y variaciones: se duplican las mismas situaciones en varios personajes disímiles que las atraviesan de maneras diferentes; o incluso personajes símiles que vivencian situaciones diferentes y contrapuestas.
Incluso variaciones en los aspectos del narrador; contrapuntos que se alternan entre visiones estéticas, psicológicas, metafísicas, económicas o emocionales. 
Personajes duros como granito, personajes miserables y hediondos, personajes que le rinden culto a la razón o a sus pasiones; todos se sientan a la mesa a discutir sobre la malevolencia del modernismo en el que viven y como destruye el alma del hombre con los productos en serie y el foxtrot mientras sus almas se desgarran y luchan por justificar sus vidas ante sí mismos.

La novela de Huxley se entreteje con una multitud de historias. Todas tienen puntos en común y los personajes son causas y consecuencias unos de otros. Todos se pasean entre fiestas aristocráticas, tertulias con nobles venidos a menos o recreándose en la decadencia. 

Al poco tiempo entendemos que se nos presenta el cuadro de una sociedad frívola y con conciencia de que el mundo se estaba transformando, tal como fue la década del veinte en Inglaterra.
Pero este es un cuadro en el que podemos sumergirnos y explorar las vísceras de los racionalistas que trataban de negarlas o presentir la autopsia de personajes sonrientes y ladinos pero aterrados de la soledad, de la muerte, del vacío. 

Es cuadro, disección y denuncia del mundo intelectual en brillante clave de armonía musical y argumentos de contrapunto.
La sociedad de marcado todo nihilista que se nos presenta en Contrapunto es la que cristalizaría más tarde en el argumento de Un mundo feliz. 

Sin otro particular,
Mr. Nemo

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