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Aunque no puedo recordar con exactitud cuándo fue la primera vez que leí un libro de Terramar, pasaron casi diez años entre mi lectura de los primeros (Un mago de Terramar, Las tumbas de Atuan, La costa más lejana) y los otros. De hecho fue en el pasado verano cuando decidí ponerme al día y compré Tehanu. Sorprendido, comencé a buscar los demás libros. Quizás mi lapso como lector justifique el impacto que tuve al descubrir que aquello que había creído de una manera —a lo largo de casi diez años— había sido siempre de otra.