miércoles, 11 de agosto de 2010

Barba Azul


Barba Azul es un cuento escrito por Charles Perrault y publicado en 1697.
Es un cuento crudo y explícitamente violento, lo que le valió a posteriori una caída de popularidad.
El nombre del personaje nos remite esporádicamente al pirata Barbanegra que en el momento de la publicación tenía 17 años y estaba todavía descubriendo que al introducir un cuchillo en el estómago de la gente podía matarlos o a Federico I Barbarroja, el antiguo emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Sin embargo, los verdaderos orígenes del personaje son rastreados por los eruditos hasta la Guerra de los Cien años, en un personaje particular que es una mezcla de ambos casos.


Perrault fue hijo de burgueses y hacia obras ensalzando a los reyes (conformista, aunque se hubiera llevado bien con mi ancestro, que era realista), de modo que no cuadra en este esquema que escribiera un cuento basado en Federico I (y en esos momentos Barbanegra todavía no tenia barba). En contraste Gilles de Rais fue un mariscal que luchó junto a Juana de Arco defendiendo la Cruz de día y la depravación durante la noche. Hay registro en los anales de la historia de cómo Rais cometió su primer asesinato a los 14 años, al matar de un machetazo en el cuello a un amigo suyo y plantarse a observar cómo moría. Psicoanalistas actuales aseguran que este personaje era psicópata, lo que explica holgadamente todas las barbaridades que perpetró en paradójica razón con su fe “cristiana”.

Confieso que maté a esos niños y niñas de distintas maneras y haciendo uso de diferentes métodos de tortura: a algunos les separé la cabeza del cuerpo utilizando dagas y cuchillos; con otros usé palos y otros instrumentos de azote, dándoles en la cabeza golpes violentos; a otros los até con cuerdas y sogas y los colgué de puertas y vigas hasta que se ahogaron. Confieso que experimenté placer en herirlos y matarlos así. Gozaba en destruir la inocencia y en profanar la virginidad. Sentía un gran deleite al estrangular a niños de corta edad incluso cuando esos niños descubrían los primeros placeres y dolores de su carne inocente.

Yo, Gilles de Rais, confieso que todo de lo que se me acusa es verdad. Es cierto que he cometido las más repugnantes ofensas contra muchos seres inocentes niños y niñas y que en el curso de muchos años he raptado o hecho raptar a un gran número de ellos aún más vergonzosamente he de confesar que no recuerdo el número exacto y que los he matado con mi propia mano o hecho que otros mataran, y que he cometido con ellos muchos crímenes y pecados.

Yo soy una de esas personas para quienes todo lo relacionado con la muerte y el sufrimiento tiene una atracción dulce y misteriosa, una fuerza terrible que empuja hacia abajo… Si lo pudiera describir o expresar, probablemente no habría pecado nunca. Yo hice lo que otros hombres sueñan. Yo soy vuestra pesadilla.

Tales son fragmentos históricos de las declaraciones de Gilles de Rais en el juicio sumario que le fue hecho, en el cual por supuesto se lo declaró culpable e inmediatamente se lo ajustició. Vale aclarar que en esta época Lovecraft aun no había nacido. Según los cronistas, las paredes del auditórium lloraron sangre cuando de Rais narro sus vivencias y delitos tan copiosamente como los humanistas vanguardistas postmodernistas que defienden estos cuentos corruptos en aras de su ignorancia derraman lagrimas de ira con mis agudos artículos y tratan vanamente de ridiculizar mi ígnea labor.

Solo Dios y la tumba saben por qué Perrault trató de humanizar tan amena crónica de la historia en un cuento infantil. Tal vez era simple fascinación, inspiración producto del vino parisino. Tal vez no.
“(…) Yo hice lo que otros hombres sueñan. Yo soy vuestra pesadilla (…)”. Volvamos al relato, luego de este preludio.

Barba Azul era un aristócrata podrido en plata contante y sonante, dueño de tierras, sirvientes, animales y, seguramente, un escudo heráldico de ascendencia nórdica. Por si fuera poco era poseedor de un aspecto fieramente antiestético y de una antinatural barba normanda, seguramente teñida de azul eléctrico. Se había casado en siete ocasiones y había enviudado sistemáticamente. Por razones de naturaleza aleatoria, parecía ser. Nadie sabía con certeza qué les había pasado, así que todas las mujeres de la comarca lo evitaban. No obstante un día este individuo volvió a sentir el impulso de la sexualidad y salió a buscar mujeres. Solicitó a un vecino la mano de alguna de sus hijas tenía varias y logró seducir a la más joven con lujos ostentosos y promesas de corte que eclipsaran su feo aspecto. Después de la boda y de una, probablemente, brutal noche de bodas, este individuo debió partir a atender sus negocios de contrabando, para sostener su imperio económico, y le dejó a su mujer un gran manojo de llaves con un extraña consigna: había cierta y pequeña llave que abría cierta y oculta habitación que ella debía cuidarse de abrir. Inmediatamente de jurar cumplir su promesa y de irse el señor de la casa, ella corrió a buscar la habitación. Una pausa, hay muchas cosas que no quedan claras.

Si él solo quería sexo, y solo quería sexo, ¿para qué tuvo que tentar con dinero a una mujer codiciosa para que se casara con él? ¿Es que acaso no podía buscar una femme de petite vertu o prostituta alguna noche? 

Si no quería que la mujer entrara en la habitación, ¿para qué le dejo la llave? 

Si quería probarla, ¿para qué hacerlo si él sabía que ella era codiciosa? 

Si pensaba que no era codiciosa, ¿para qué diablos le ofreció dinero para que se case con él? 

Si ya de antes él buscaba una excusa para matarla luego de satisfacer sus deseos (esto confirma el primer argumento), solamente buscaba sexo. ¿Para qué diablos tuvo que casarse entonces?

“(…) Yo hice lo que otros hombres sueñan (...)". El razonamiento se torna cíclico y cerrado, como en las pesadillas oníricas. Cuando la muchacha abrió la puerta descubrió los cuerpos de las anteriores mujeres, ahí tirados sobre su propia sangre mezclada. Se presume que estarían embalsamadas (o realmente haría frio en esa habitación je je). Bueno, el quid de la cuestión es que por el respingo, la llave cayó al suelo y, sin que ella se diera cuenta, se manchó con sangre. Cuando Barba Azul (¿puede ser que te cases con él alguien ignorando su verdadero nombre…?) regresó, ella le devolvió el manojo de llaves y él descubrió la mancha. Entonces se tornó furioso y necio, y decretó que la muchacha moriría. La muchacha se aterró, y le pidió quince (15) minutos para rezar antes de morir, que él le concedió mientras buscaba su arma homicida. Ya en el torreón, la joven gastó su mirada en el seco erial del camino buscando ayuda, pero nada se observaba. Alrededor de cinco (5) minutos después, el dijo que el tiempo se había cumplido. Ella regateó por un minuto más y luego por treinta segundos más. Finalmente vio una polvareda en el camino: eran sus hermanos a caballo. Desesperada les hizo gestos y ellos aceleraron las monturas. Cuando ellos irrumpieron armados, el gigante barbudo estaba por matar a su hermana, así que con un grito se arrojaron sobre él y lo hicieron pedazos. ¿Cuál es la moraleja? ¿No casarse por dinero? ¿Pero no se supone que Perrault le da la razón a los oligarcas? ¿No hacen eso los oligarcas? ¿Era necesario que Giles de Rais reencarnara en este cuento? ¿Alcohol? ¿Qué es eso? ¿Acaso se toma?
Sin otro particular,

mr. Nemo

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