martes, 26 de marzo de 2013

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[Texto que escribí el año pasado para la cátedra de Literatura. Es sobre el poderío de Marcelo Tinelli (conocido por muchos latinoamericanos) y un texto llamado La industria cultural, de Theodoro Adorno y Max Horkheimer. Hace tiempo no redacto ninguna cosa digna de mención para el blog, por lo que tuve a bien actualizarlo con esto. Considerando que es una situación adaptable a cada país de este planeta. Saludos y, sin otro particular, buenas noches... mr. Nemo]

martes, 2 de octubre de 2012

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La presuposición básica de nuestra era moderna sobre el adoctrinamiento de los niños por medio de material literario tiene una base bastante sencilla y siempre presente, sin importar el modelo psicopedagógico en el que militemos: las cosas se dicen con sutileza. Y es esa sutileza, refinamiento para algunos, lo que ha hecho que, a lo largo de años de evolución y de metadesarrollo, convirtamos a un robusto pederasta en un lobo feroz, a un misterioso y seductor pedófilo en un flautista renombrado o a un padre abandonador en una presunta víctima social.
Ahora bien, hubo un médico que soñó un mundo diferente.

jueves, 20 de septiembre de 2012

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Dicen que quien miente se juzgó a si mismo, se juzgo a si mismo y murmuró culpable. Mientras en la oscuridad inclinaba la cabeza para que un mechón de lánguido pelo le ocultara la mirada y una lágrima le corría por el corazón, se juzgó culpable… por eso miente, por eso trata de ser lo que no es.  Mostrar desesperadamente algo diferente a aquello que realmente es.

viernes, 24 de agosto de 2012

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El cielo se tiñe de óxido y sangre. Los ojos tristes de una chica desaparecida me miran desde un cartel en un corredor del subte… tienen más vida que los ojos muertos de los pasajeros grises que me rodean; grises como el cielo nublado. Algunas cosas no cambian. Yo la conocía, por eso me sorprendí. Me sorprendí por estar conjugando “conocía” en pretérito imperfecto, definible como aquella conjugación verbal de una acción pasada interrumpida por otra, contrastada con la realidad presente. ¿Por qué no puedo ser capaz de decir que aún la conozco? ¿Qué oscura melancolía se derrama desde esas nubes plomizas o emerge con rapidez de esas crujientes baldosas rotas que uno pisa, aunque trate de esquivarlas? El cielo enmudece, esperando el trueno relampagueante que sea el preludio de su caída. Cierta página digital de redacción de notas considera que mi estilo es demasiado subjetivo para contratarme; grises como el cielo nublado. Algunas cosas no cambian.

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