martes, 3 de marzo de 2009

Cuentos poco conocidos: Igual de peligrosos Pte 2


El gatito Pompón
Otro cuento de la rama literaria de “cuentos poco conocidos”.

Sentados sobre el rojo tejado de una casita, conversaban gatito Pompón y gatita Lulú. La graciosa gatita le dijo: 
Pompón, tú eres el gato más lindo del barrio, y también eres muy hábil para cazar ratones. Mi amiguita se llama Mimí, es suave y cariñosa. ¿Por qué no te casas con ella?
Como la proposición fue tan inesperada, tal fue la emoción del gatito que ¡pum! cayó de bruces al suelo desde lo alto del tejado. ¡Pobre gatito Pompón!
El golpe fue tan fuerte que se desmayo.
Y como no reaccionaba, gatita Lulú fue corriendo al Hospital de los Gatos para que mandaran con urgencia una ambulancia al lugar donde estaba Pompón. Sentado al volante, el gato enfermero hizo sonar la sirena para que en la calle todos los autos le dieran paso, así podía llegar más rápido.
Al sacarlo de la camilla lo acostaron con precaución, porque Pompón podía tener alguna costilla rota, y el gato medico principal le dijo a su gato ayudante que le tomara el pulso. Pero Pompón estaba muy pálido y no habría los ojos.
Los gatos médicos dijeron:
 
¡No hay nada que hacer! ¡Gatito Pompón no mejora! ¡Está muy enfermo…!
Y como gatito Pompón se sentía morir, pidió que llamaran a un gato sacerdote para contarle todos sus secretos. Y, apenitas abriendo los ojos, le confesó todas sus picardías…
¡¡Las correrías nocturnas por los tejados!! ¡¡¡Las peleas con los gatos del vecindario!!! ¡Y las veces que había robado pescado! ¡Es que le gustaba tanto!
Y sobre todo le encantaban las sardinas… ¡Eran su debilidad! El gato sacerdote lo escucho atentamente y, dándole su bendición, lo perdono. Al ratito, Pompón, se quedó muy quieto y cerró los ojos. Creyéndolo muerto, los gatos amigos lloraron a lagrima viva porque lo querían entrañablemente. Recordaban las noches de luna llena en que, juntos con Pompón, corrían por los techos de las casas vecinas buscando aventuras.
En cambio, los ratones cantaban y reían. Y se alegraron tanto de la mala suerte del pobre Pompón que hicieron una fiestita, comieron un gran queso y bailaron toda la noche hasta el amanecer.
Mientras tanto, los gatos más grandes llevaron a enterrar a gatito Pompón. Fueron caminando despacito, muy serios y compungidos, por la calle del pueblo. Al pasar por el supermercado, en ese momento estaban abriendo el puesto de venta de pescados.
Y ¡Oh, sorpresa! Pompón no hizo más que sentir con su fino olfato el rico y penetrante olor de las sardinas, y eso basto para que saltara loco de felicidad volviendo a la vida. Y así, Pompón pudo comer su manjar preferido por el resto de su larga vida. ¿Y acaso ustedes, chicos, no conocen la frase que dice que un gato tiene siete vidas?

Libro: Cuentos de Ayer y Siempre (“Moderna Adaptación Pedagogica”)
Adaptadora: Licenciada Susana Storani, socióloga.
Dibujos: Rodolfo Ramos
Edita: Ediciones Rio de la Plata S.A. (Arregui 3925, Bs As, Argentina)
El gatito Pompón, no se nombra autor.

Un gato juerguista tiene una mala reacción ante una proposición de casamiento (como todo juerguista), se cae, se golpea y queda inconsciente. Lo trasladan a un hospital de mala calidad, nótese la frase de los gatos “doctores”: “¡Está muy enfermo…!”. ¿Enfermo de qué? Si se cayó al piso y se dio un buen golpe. O también la parte de: “Al sacarlo de la camilla lo acostaron con precaución, porque Pompón podía tener alguna costilla rota y el gato medico principal le dijo a su gato ayudante que le tomara el pulso. Pero Pompón estaba muy pálido y no habría los ojos”. Esos “médicos” sabían menos que yo sobre curación. Sobre todo porque el enfermero debió haber chequeado si tenía los huesos rotos antes de meterlo en la camilla
Primeros auxilios en caso de caída
* No levantar a la persona inmediatamente: asegúrese antes de que no hay fracturas ni aturdimiento.
 O tal vez yo estoy mal y esos gatos conocían técnicas médicas pseudocientíficas para determinar si el gato iba o no a morirse con solo controlarle el pulso. Aunque claro, el gato no estaba muerto… (¿Mala praxis?) Luego el gato, seguramente sugestionado por sus “doctores”, comienza también a creer que morirá. Hace llamar a un sacerdote católico (suponemos que el gato era católico entonces)
y le confiesa sus correrías nocturnas. Peleas, hurtos, etc. Destaco la frase: “Al ratito, Pompón se quedo muy quieto y cerró los ojos” por el simple hecho de que no la considero apropiada para un infante (a mí mismo me resultaba chocante cuando lo fui y me leían el cuento). En rápida síntesis, un gato juerguista con vicios se cae y se “muere” o al menos eso diagnostican sus “doctores” en una obvia mala praxis. Sus amigos lo velan y lloran mientras que sus enemigos… ¡hacen una fiesta!
Sí, los roedores locales se regocijan con la muerte del felino (en ese punto se habla explícitamente del rencor). Luego viene una parte muy extraña. Estaban llevando el gato a enterrar (un casi entierro prematuro, con lo cual el cuento “infantil” sería inapropiado explícitamente) y al pasar frente a su vicio, ¡este revive de golpe!

¿Cuál es el mensaje que trata de transmitirnos? ¿Que los vicios que tengamos serán una fuente de renovación? Y ahora, ¿saben ustedes por qué los personajes son gatos y no humanos, duendes o alguna otra especie/subespecie? Porque en el cuento se justifica la resurrección del protagonista con el refrán popular de que “los gatos tiene 7 vidas”. Sí, lectores, aquí nada esta librado al azar. ¿Cuál es el mensaje del cuento? ¿Que nos aferremos a los vicios?, algo parecido a lo que he analizado en Peter Pan.
En resumidas cuentas destaco los siguientes ítems:
  • gato juerguista con fobia al matrimonio.
  • gata desconocedora de primeros auxilios.
  • gatos enfermeros desconocedores de primeros auxilios.
  • médicos sin conocimientos de medicina básica.
  • un casi entierro prematuro.
  • ratones rencorosos.
  • una resurrección gracias a su vicio.
Esto da como resultado un cuento macabro explícitamente que trata de formar pseudo-infantes-adictos para alimentar las filas del consumismo y crear un efecto de retroalimentación tal que lleve a la destrucción o corrupción de esos niños, que luego crecerán en tamaño y dependencia al determinado vicio que escojan. Nuevamente, ¿a quién pueden remitir sus quejas? Autor desconocido… ni siquiera sabemos qué clase de maniático megalómano psicópata escribe esta basura…
Sin otro particular,
Nemo

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